A MARRUECOS. (II) por Montse Sanchez
PUENTE DE DICIEMBRE 2008

Haciendo de "guiris"
Sin perder la educación eso sí, pero sólo había que fijarse un poco en que los responsables del hotel iban reponiendo las bandejas constantemente, no había pues razón para justificar las prisas por agarrar los pasteles. Al día siguiente, afortunadamente, no sucedió.
Sin perder la educación eso sí, pero sólo había que fijarse un poco en que los responsables del hotel iban reponiendo las bandejas constantemente, no había pues razón para justificar las prisas por agarrar los pasteles. Al día siguiente, afortunadamente, no sucedió.
Así que desde el hotel en Tetuán, salimos en dirección hacia Tánger, recorrido que igualmente nos sirvió para recibir las explicaciones de nuestros guías, y conocer curiosidades tales como que la carne más barata para consumir en Marruecos es la de caballo, que sale a 3 ó 4euros/kilo, mientras que la más cara es la de camello, que alcanza los 20 euros/kilo. No obstante, estos días la más codiciada era la del cordero, para cumplir con el festejo anual y el ritual de sacrificio del animal, y de esta urgencia observamos el movimiento propio de la festividad en los mercados de la zona. O que el sueldo de un profesor o policia ronda los 300 ó 350 euros mes, que no existe la seguridad social, ni jubilacion, la sanidad es privada y que la "obligatoriedad" de la enseñanza es desde los 6 a 11 años. Parece ser que lo social continúa siendo un asunto secundario en las preocupaciones de las autoridades públicas marroquíes.

Ya en Tánger, la visita se suscribió al interior de su medina, configurada por una encrucijada de calles estrechas, bañadas por la cantidad de aromas desprendidos por los puestos de especias y por otro tipo de olores menos agradables procedentes de desagües y demás. Movera un centenar de personas por este laberinto plagado de escalones, esquinas, adoquines resbaladizos y comerciantes muy (muy, muy) perseverantes, no es tarea fácil.

Total que entre tanta compra y tanto comerciante ávido por negociar al alza, cuatro de nuestras viajeras se "despistaron" para acudir al punto de encuentro a la hora acordada, de manera que recibieron un serio toque de atención de parte de Fran. La bronca tuvo efecto ejemplarizante, y ninguno más volvió a despistarse.
No sin aceite y vinagre
Uno de los aspectos que difícilmente suele ser del gusto de todos los viajeros es el de la gastronomía, más complicado incluso es cuadrar este asunto cuando se trata de un país extranjero. El almuerzo en Tánger, tuvo lugar en un hotel ubicado en las afueras del casco histórico, de moderna construcción pero de cuidada ornamentación árabe con tetería incluida. Y aunque los menús solían ser abundantes y variados, la principal queja culinaria del viaje tuvo lugar en este local. De entrante ofrecían una ensalada variada con diferentes vegetales, pero para aliñarla estaban muy disputadas las pocas aceiteras y vinagreras dispuestas para la ocasión. Hubo hasta quien amenazó con tirar el entrante en medio de la sala si no conseguía con qué aliñar el plato, aunque el asunto se solventó con algo de paciencia y buen humor.
En mi caso compartí la parada con uno de nuestros guías, Abdull, quien amigablemente contestaba a nuestras curiosidades sobre su familia que, con 5 hijos a su cargo, da buena muestras de la configuración actual de las familias marroquíes.
Hasta 100 camellos le ofreció a mi hermano por mí si había trato matrimonial para alguno de sus hijos, pero salí al quite rápidamente alegando que en El Cairo llegaron a ofertar mucho más animales por mí y aún así no me desprendí de mi soltería. Todo pura guasa, claro.
De regreso al hotel, la parada de la cena, y de nuevo trajes de gala para la sesión festiva nocturna, que en este caso estuvo mucho más animada que la de la primera noche. Por supuesto, en la ambientación musical, Paquito el Chocolatero y otros grandes clásicos, y allí bailaron hasta los monitores, algo reacios en primera instancia a tales demostraciones.
CONTINUARÁ (muy pronto)...
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